Plantas, topos y la agonía de los parkings
Soy incapaz de mantener viva una planta. Totalmente incapaz. Da igual dónde las ponga, la cantidad de riego, la calidad de la tierra. Todas se mueren sin remedio. A la autora de De la vida y sus cosas le pasaba lo mismo hasta que encontró la planta que ha conseguido mantener con vida y, lo que es más, feliz. Creo que es importante tener plantas en casa, dan vidilla, sobre todo en invierno. Espero poder mantener alguna con vida, algún día. Es un reto que pienso cumplir.
Las mascotas son otro cantar. Me encantan, les encanto, me cogen un cariño instantáneo. Una cosa por la otra, supongo. Sin embargo, a las mascotas da penita dejarlas solas, sobre todo si te vas de viaje y lejos, como los autores de Pensando en Kiwi, que se van a Nueva Zelanda indefinidamente y dejan atrás muchas cosas, incluído a su perrito, al que van a echar mucho de menos. Pero es que claro, un viaje así de largo con una mascota puede ser mortal. Hay viajes que suponen grandes cambios. Por ejemplo, la autora de Inertidum se fue a Cádiz hace un año y, por lo que leo, no tiene intenciones de volver a Madrid demasiado pronto.
Mucha de la gente que se embarca en este tipo de viajes intentan escapar de la rutina diaria: de casa al trabajo, del trabajo a casa, horas interminables encerrados en oficinas...a todos nos asusta llegar a este punto, pero hay momentos en los que no tenemos otra opción, como le pasa a la Vampiresa en Paro.
Pero bueno, hay pequeñas cosas que te pueden alegrar estas situaciones, como encontrarse algo inesperado. Esto mismo le pasó al autor de Política y Opinión, que se encontró con una familia de topos a la salida del trabajo, y les acogió en casa hasta que se recuperen. Pobres topitos, deben estar muy angustiados.
Aunque para angustia la que se pasa cuando no se encuentra el coche en el párking, como leí en Mutatis Mutandi. Yo creo que a todos nos ha pasado. Llegas al parking, te pones a buscar, das mil vueltas, y conforme más tiempo pasa sin que tu coche aparezca, más te bloqueas, y llegado el momento de que la cabeza te explota de pura desesperación, lo ves, aparcado donde lo dejaste, ni un milímetro de diferencia a como estaba cuando te fuiste. Y te das cuenta de que tu exasperación y tu bloqueo (¡Qué no! ¡Qué estaba aquí!) no han servido pada nada.
Bloquearse es algo muy desagradable, y sobre todo para un escritor. En el blog de 12 ideas hay una lista de cosas que nos pueden ayudar a superar el writer's block (bloqueo de escritor), que merece la pena leer para cuando nos encontremos en esa situación.